El Gran Zapallo

"Esa historia, que sólo podrían relatar los azorados habitantes del Chaco que iban a verse envueltos en la pulpa zapallar, absorbidos por sus poderosas raíces."
(Macedonio Fernandez, "El Zapallo que se hizo Cosmos")

11 noviembre, 2007

Del secreto de los Hombres de Verde, de una guitarra y un Aleph

Las charlas amistosas sobre sus dudas e inquietudes tenían solo algún mutuo arcano que Hombres de Verde y Macedonio no compartían. El secreto de los Hombres de Verde aparecía cuando Macedonio incursionaba no sobre el origen no de los aerolitos o del mismo Zapallo Cósmico, sino sobre el origen de los propios Balter, Tilbur, Nego y Ofronok, en cuyo momento el lenguaje de estos se transformaba en babélico, incomprensible en absoluto para Macedonio, aunque ellos no parecían percatarse de la perplejidad de nuestro hombre al escuchar semejante jeringoza, en la que los otros, por lo demás, solían entretenerse por largos minutos, ora con rostros reflexivos, ora matizándolos con estruendosas carcajadas

Pero Macedonio también tenia su secreto, y residía precisamente en su alargado banquito de quebracho, al que cuidaba con sumo celo, habiendo observado, los otros, en silencio, que cuando algunos de ellos se sentaba en el, Macedonio parecía inquieto y perdía gran parte de su histrionismo, fenómeno que desaparecía de inmediato cuando “el usurpador” se levantaba, momento que Macedonio aprovechaba para ocupar su pequeño trono, apareciendo en su cara un mueca de alivio.

Muchas teorías se tejieron en torno a estos secretos que fueron percibidos por algunos testigos tanto indígenas como europeos en distintos momentos.

Se cree que los Hombres de Verde ocultaban su origen cósmico para no tener que dar explicaciones de difícil comprensión - quizá estaban programados para confundir sus lenguas en circunstancias especiales, como aquel bíblico escenario de Babilonia cuando los hombres quisieron sentarse mas alto que sus asentaderas (la repetición de circunstancias en lugares y momentos distantes es históricamente frecuente – hasta correcta).

Por su parte las leyendas sobre el madero-asiento de Macedonio, tienen una versión un tanto prosaica: que esperaba disponer de una buena madera para hacerse una guitarra, el día que terminara su misión chaqueña y tuviera a mano un amigo luthier en Buenos Aires, en Asunción o en Posadas. Aunque hay otra teoría, menos pedrestre, al parecer elaborada por uno de los discípulos de Macedonio, Jorge L Borges; según este, aquel trozo de quebracho, nacido en las cercanías del Campo del Cielo y al lado o adentro del Gran Zapallo, contendría nada menos que un Aleph (aunque un Aleph en sentido inverso al que crearía después Borges).

En ambas casos, dicen los que saben, de ninguna manera Macedonio estaría dispuesto a compartir esos elementos - guitarra o Aleph - con unos extraños tipos vestidos de verde, al menos que dejaran de hacerse los misteriosos cuando el quería saber de donde habían salido.

Aparte de estos tabúes, que por serlo implicaba un respetuoso mutuo silencio, sin preguntas que no tendrían ninguna respuesta, no había entre estos amigos de circunstancias, mayores secretos o inconvenientes. Incluso coincidían en la forma de asar la carne o embucharse unos interminables mates o unos horribles tererés cebados con agua natural, maneras de hidratarse ante la brutal agresión a que los sometía el tórrido sol chaqueño – calor implacable que estimulaba seguramente a que analizaran una y otra vez las historias Aquel Dios-Sol, malhumorado, que en un momento de furia con el pueblo wichi, envió las terribles piedras del Gran Fuego, que extinguió toda vida de la llanura, obligando a los que pudieran escapar, a vivir ocultos bajo tierra durante interminables tiempos. Era una manera en que aquellos platicantes bajo un sol abrasador, sublimaban la vulgar “charla sobre el tiempo". Claro está que en este caso se hablaba de las dos clases de tiempo: uno, del que marcan termómetros y barómetros; y dos, del histórico lento transcurrir desde 6000 años atrás, hasta el futuro infinito que señala, de manera inquietante, el Gran Zapallo

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