LOS VAIVENES DE UN MANUSCRITO
Corría el año 1913. Pedro Saldaña, era un mensú del trabajado de Allica en Puerto Bemberg, a unos 30 km de la desembocadura del Río Iguazú en el Paraná. Como tantos otros amantes de la libertad y ahíto del maltrato de los capangas, Pedro Saldaña huyó río abajo en uno de aquellos clásicos escapes imposibles o , en todo caso condenados a la frustración, como bien lo contaría años después Horacio Quiroga en uno de sus memorables cuentos, malinterpretado mas tarde en una producción cinematográfica cajetilla. La juventud veinteañera de Saldaña, le permitía la proeza de huir por la selva, vadear arroyos, esquivar las fieras, aguantarse privaciones, hasta conseguir alguna embarcación que pudiera conducirlo al ansiado Sur liberador, en dirección a Posadas.
Como era de esperarse, pronto el prófugo fue capturado por los esbirros del capanga, merced a alguna alcahuetería, a los bien entrenados perros, a los temibles rifles; el prisionero fue a parar a las mazmorras de la entonces “justicia” de Posadas, de jurisdicción nacional, puesto que Misiones pasaba por un período de no-Provincia.
El hecho ocasionaría una singular batalla judicial: la empresa demandó a Saldaña por abandono inconsulto del trabajo – según cláusula del “contrato” que Saldaña había “firmado” sin leerlo porque no sabía hacerlo; y que hasta habilitaba a la empresa a capturar al mensual en caso de fuga (curiosa justicia depositada por la parte mas debil en manos y capricho de la parte mas fuerte) – ; por su parte el Fiscal Federal Macedonio Fernández, salió en defensa del mensú, que había sido acusado de “estafa” por un innombrable Juez . El Fiscal pidió a libertad del detenido; – pero no pudieron ir muy lejos, ni Macedonio ni Saldaña: los hilos del poder se movieron prestamente, y Macedonio fue relevado de inmediato, debiendo pasar el sufrido mensú unos cuantos meses en la carcel; para luego volver otra vez al trabajado, a los fines de pagar las laberínticas y tautológicas deudas con la empresa damnificada que crecían como El Gran Zapallo, a lo que se agregarían los gastos del juicio, etc
Se cree que Saldaña en realidad era un agente de los Hombres de Verde, y su verdadera misión era precisamente caer detenido, al mejor estilo de las aventuras de espionaje, a los fines de contactar secretamente con Macedonio, con quien se encontraría en numerosas oportunidades, incluso muchos años después, cuando fue protagonista del ocultamiento del manuscrito del ya ex-Fiscal.
El Manuscrito de Macedonio fue encontrado alrededor de 1980, durante una excavación (oyo-ó)en procura de plata yvygüy , el Tesoro (o mejor los Tesoros) del Mariscal López que, según la certeza popular, el Presidente paraguayo mandó a que enterrararan todos sus connacionales, cuando la derrota era inminente, cosa que se hizo a rajatabla, bajo las balas del general Mitre y del Baron do Rio Branco, y para evitar que las tales riquezas cayeran en manos del la triple alizanza; aquellos enterramientos se realizaron en tantos lugares como convencidos hay en dicha certeza. En nuestro caso, el plata yvygüy estaba en el Cerro Pelón, de la Bajada Vieja de Posadas. Cuenta la leyenda que el hallazgo fue obra del buscador profesional de tesoros, don Hugo Candia Cravero, quien se volvió rico de la noche a la mañana – como tantos otros encontradores de tesoros – y encima tuvo la fortuna de encontrar el Manuscrito, guardado en una caja de madera dura y envuelto en papel de diario y una lona. El escrito narra los hechos aquí relatados, o al menos parte de ellos. Candia Cravero, olfateó de inmediato el valor de este material, ya que sabia leer, pero, mas ocupado por administrar sus recientes riquezas, lo entregó a un viejo conocido, apodado el Carpincho, antiguo sereno del Hotel Avalos, en el que solía vivir Macedonio. El Carpincho había escuchado las conversaciones nocturnas de Macedonio con sus contertulios misioneros, y aunque no entendía sobre los temas que hablaban, no podía sino sentir afecto y admiración por ese bondadoso “dotor porteño” que era tan respetado por la gente importante que lo visitaba. El Manuscrito, fue celosamente guardado por el ex sereno ya anciano, y pudo ser leído por una prostituta jubilada, que en sus mocedades habia ofrecido sus servicios en el "Fumo Bravo", uno de los piringundines de la Bajada Vieja; la madama , que, mate en mano, solia revivir nostalgias con el viejo sereno y compinche de correrias, tenia conocimientos de letras, ya que había sido raptada por tratantes de blancas en su Croacia natal, mientras estudiaba en la Universidad. Poseedora de una memoria prodigiosa, en un par de leídas grabó en su mente los sucedidos , con suerte para la historia, porque poco después el Carpincho murió y el Manuscrito, desde entonces no se ha vuelto a encontrar. La prostituta le narró (le dictó) su contenido a un periodista del diario El Territorio, quien tomó minuciosa nota del relato – digamos que reconstruyó el Manuscrito – y este ejemplar fue pasando de mano en mano en noches de truco y borracheras. Hasta que por fin, el enojado periodista, en momento libre de alcohol, lo reclamara con vehemencia y lo recuperara– aunque sin impedir que fuera a su vez, leído y relatado por el autor de este blog.
Quien fue el que enterró el Manuscrito en el cerro Pelón ? Pues el mismo Saldaña, en una de sus recurrentes escapes (“estafas”) de Puerto Bemberg, hacia Posadas; para reciclarse reiteradamente como mensú, aunque también, a su muerte, como Hombre de Verde. Para su admisión en esta elite verde, se tomaron en cuenta la eficiencia en el cumplimiento de las misiones encomendadas; y el hecho de que el hombre era un perfecto baqueano de los cerrados montes y los infinitos ríos misioneros, de sus riquezas naturales y , poco a poco (y en carne propia) , de la acción predadora de algunos Hombres de Blanco.
Como era de esperarse, pronto el prófugo fue capturado por los esbirros del capanga, merced a alguna alcahuetería, a los bien entrenados perros, a los temibles rifles; el prisionero fue a parar a las mazmorras de la entonces “justicia” de Posadas, de jurisdicción nacional, puesto que Misiones pasaba por un período de no-Provincia.
El hecho ocasionaría una singular batalla judicial: la empresa demandó a Saldaña por abandono inconsulto del trabajo – según cláusula del “contrato” que Saldaña había “firmado” sin leerlo porque no sabía hacerlo; y que hasta habilitaba a la empresa a capturar al mensual en caso de fuga (curiosa justicia depositada por la parte mas debil en manos y capricho de la parte mas fuerte) – ; por su parte el Fiscal Federal Macedonio Fernández, salió en defensa del mensú, que había sido acusado de “estafa” por un innombrable Juez . El Fiscal pidió a libertad del detenido; – pero no pudieron ir muy lejos, ni Macedonio ni Saldaña: los hilos del poder se movieron prestamente, y Macedonio fue relevado de inmediato, debiendo pasar el sufrido mensú unos cuantos meses en la carcel; para luego volver otra vez al trabajado, a los fines de pagar las laberínticas y tautológicas deudas con la empresa damnificada que crecían como El Gran Zapallo, a lo que se agregarían los gastos del juicio, etc
Se cree que Saldaña en realidad era un agente de los Hombres de Verde, y su verdadera misión era precisamente caer detenido, al mejor estilo de las aventuras de espionaje, a los fines de contactar secretamente con Macedonio, con quien se encontraría en numerosas oportunidades, incluso muchos años después, cuando fue protagonista del ocultamiento del manuscrito del ya ex-Fiscal.
El Manuscrito de Macedonio fue encontrado alrededor de 1980, durante una excavación (oyo-ó)en procura de plata yvygüy , el Tesoro (o mejor los Tesoros) del Mariscal López que, según la certeza popular, el Presidente paraguayo mandó a que enterrararan todos sus connacionales, cuando la derrota era inminente, cosa que se hizo a rajatabla, bajo las balas del general Mitre y del Baron do Rio Branco, y para evitar que las tales riquezas cayeran en manos del la triple alizanza; aquellos enterramientos se realizaron en tantos lugares como convencidos hay en dicha certeza. En nuestro caso, el plata yvygüy estaba en el Cerro Pelón, de la Bajada Vieja de Posadas. Cuenta la leyenda que el hallazgo fue obra del buscador profesional de tesoros, don Hugo Candia Cravero, quien se volvió rico de la noche a la mañana – como tantos otros encontradores de tesoros – y encima tuvo la fortuna de encontrar el Manuscrito, guardado en una caja de madera dura y envuelto en papel de diario y una lona. El escrito narra los hechos aquí relatados, o al menos parte de ellos. Candia Cravero, olfateó de inmediato el valor de este material, ya que sabia leer, pero, mas ocupado por administrar sus recientes riquezas, lo entregó a un viejo conocido, apodado el Carpincho, antiguo sereno del Hotel Avalos, en el que solía vivir Macedonio. El Carpincho había escuchado las conversaciones nocturnas de Macedonio con sus contertulios misioneros, y aunque no entendía sobre los temas que hablaban, no podía sino sentir afecto y admiración por ese bondadoso “dotor porteño” que era tan respetado por la gente importante que lo visitaba. El Manuscrito, fue celosamente guardado por el ex sereno ya anciano, y pudo ser leído por una prostituta jubilada, que en sus mocedades habia ofrecido sus servicios en el "Fumo Bravo", uno de los piringundines de la Bajada Vieja; la madama , que, mate en mano, solia revivir nostalgias con el viejo sereno y compinche de correrias, tenia conocimientos de letras, ya que había sido raptada por tratantes de blancas en su Croacia natal, mientras estudiaba en la Universidad. Poseedora de una memoria prodigiosa, en un par de leídas grabó en su mente los sucedidos , con suerte para la historia, porque poco después el Carpincho murió y el Manuscrito, desde entonces no se ha vuelto a encontrar. La prostituta le narró (le dictó) su contenido a un periodista del diario El Territorio, quien tomó minuciosa nota del relato – digamos que reconstruyó el Manuscrito – y este ejemplar fue pasando de mano en mano en noches de truco y borracheras. Hasta que por fin, el enojado periodista, en momento libre de alcohol, lo reclamara con vehemencia y lo recuperara– aunque sin impedir que fuera a su vez, leído y relatado por el autor de este blog.
Quien fue el que enterró el Manuscrito en el cerro Pelón ? Pues el mismo Saldaña, en una de sus recurrentes escapes (“estafas”) de Puerto Bemberg, hacia Posadas; para reciclarse reiteradamente como mensú, aunque también, a su muerte, como Hombre de Verde. Para su admisión en esta elite verde, se tomaron en cuenta la eficiencia en el cumplimiento de las misiones encomendadas; y el hecho de que el hombre era un perfecto baqueano de los cerrados montes y los infinitos ríos misioneros, de sus riquezas naturales y , poco a poco (y en carne propia) , de la acción predadora de algunos Hombres de Blanco.


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